domingo, 13 de noviembre de 2011

¿Nos devuelve la pelota?

Estaba sentado frente al río, respirando hondo. Cuando un grupo de ardientes y elocuentes niñas desviaron su pelota invadiendo su tranquilidad.
-¿Nos devuelve la pelota, señor?- la más pequeña de todas fue quién reclamó el balón con esa dulzura en la voz solo propia de las niñas de 5 años.
Él, sin pronunciar palabra y con aire malhumorado les devolvió su diversión.
-¡Gracias!- pronunciaron casi a coro.
-De nada- añadió, sin ni siquiera volverse a ellas.

Tras ese paréntesis le dio por pensar. -¿Me ha tratado de usted?... ¿Me ha llamado señor? Y tan solo tengo 26 años. - Acto seguido asomó su rostro al río, el reflejo le ofreció una imagen que enseguida quiso cambiar. Aquellas viejas gafas, ese entrecejo fruncido característico en el abuelo más cascarrabias, las terribles ojeras tras varias noches insomnes, esa barba descuidada y sobre todo la expresión de amargura que emanaba de su cara.
-Joder, parezco 20 años más viejo.- Dijo para sus adentros.-Ahora mismo podría pasar por un cuarentón frustrado. ¿Dónde está mi juventud? Debo recuperarla.

Entonces la pelota de las niñas volvió hasta él. Su anterior reacción hubiera sido la de cagarse en las niñas y en la maldita pelota. Pero para su sorpresa se acercó hasta ellas y les dijo:
-Chicas, si queréis recuperar vuestra pelota, tenéis que dejarme jugar con vosotras.
Las niñas parecieron sorprenderse más que él, seguramente no sabían ni qué decir. Hasta que pasados unos segundos de incomodidad una de ellas tomó la iniciativa, aparentaba ser la más mayor.
-Bueno... Vale. Pero si quieres jugar, tú la pagas.

Él accedió. Incluso disfrutó tanto como ellas o más. Estuvo jugando con aquellas niñas hasta que recuperó la noción del tiempo.

Se despidió con una sonrisa para volver a su mundo de preocupaciones.

jueves, 27 de octubre de 2011

Caretolandia

Nos gusta mostrarnos misteriosos, interesantes y con cierto aire enigmático para atraer la atención de aquellos a los que les gusta hablar de unos y de otros; y acabamos ocultando o adornando aspectos de nuestra persona para convertirnos en unos desconocidos que todos desean llegar a conocer. Luego ocurre que la careta se nos termina por caer, cosa que puede beneficiarnos o perjudicarnos, pues no resultaremos nunca igual para unos que para otros.

domingo, 16 de octubre de 2011

Rápido

Las prisas no son buenas. Todo a su tiempo. Hay que tener paciencia. Tomátelo con calma. No te precipites. Piensa antes de actuar. Y un largo etcétera.


¿Sabes qué? Voy a echar a correr ahora mismo. ¡JODER!

martes, 11 de octubre de 2011

¡Vaya!



Tan solo quería respirar algo de calma.
.
.
.

Sssssssilencio, déjame escucharla.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Microdiario

Día1:
Querido Diario, si he empezado a escribir es porque me siento solo, incomprendido, solo, incomprendido, solo e incomprendido. No encuentro explicación de por qué mi ánimo está por los suelos, pues tengo una gran familia, tengo grandes amigos, tengo un gran trabajo y tengo grandes proyectos de futuro. Y cuanto más pienso en lo que tengo, más me deprimo. Soy tan terco y egocéntrico que no quiero pedir ayuda, me niego rotundamente.

Día2:
Hoy he amanecido como llevo amaneciendo durante los últimos 30 años, con olor a tostadas recién hechas, como lo odio. Definitivamente cada segundo que pasa tengo menos ganas de seguir con esto, no puedo decir, ni jamás diré, que no quiero a mi mujer, ni a mis hijos ni a ese estúpido perro, pero siento que ya no tengo nada que ofrecerles ni ellos nada que ofrecerme a mí. No es que la rutina me esté matando, es que la rutina me obliga a seguir vivo. Siento que me ahogo y no puedo con ello. Sé qué es difícil de entender, yo mismo no lo entiendo, pero en realidad no es tan difícil comprender que ya nada despierta interés en mí. Lo único que me hace feliz es pensar que llegará un día en el cual ya no tenga nada más en lo que pensar.

Día3:
Es fácil imaginar que estaré en boca de muchos para bien y para mal durante una temporada pero aún así voy a seguir adelante. Cuando se trata de tu propia vida ¿es obligatorio dar explicaciones?, yo creo que no. Y aunque me gustaría explicarlo, ni sé como hacerlo ni creo que sirviese de mucho, pues no cambiaría absolutamente nada, ¿para qué dejar una carta de despedida incomprendida? ¿Para qué? Si lamentablemente el dolor de los que aquí se quedan será el mismo. ¿A caso tengo que dejar por escrito lo mucho que quería a mi familia? ¿Lo mucho que me importaban? Eso ya les quedó claro mientras vivía, y si no hubiese sido así dudo que ocurriese una vez muerto. Por eso si estoy dejando estas últimas palabras es porque me las merezco, solo quería decirme, adiós y que ha sido todo un placer conocerme.